Obispo Ricardo Morales destacó la vitalidad de la comunidad durante su visita pastoral a la parroquia Inmaculado Corazón de María de Vallenar

Obispo Ricardo Morales destacó la vitalidad de la comunidad durante su visita pastoral a la parroquia Inmaculado Corazón de María de Vallenar

Tras varios días de visita pastoral en la parroquia Inmaculado Corazón de María de Vallenar, el obispo de la Diócesis de Copiapó, Monseñor Ricardo Morales Galindo, realizó un positivo balance de la experiencia, resaltando la participación activa de los fieles y el valor de la escucha como eje central de su misión pastoral.

El prelado explicó que las visitas pastorales forman parte de las responsabilidades propias del obispo, pero señaló que ha querido darles un sello cercano y sinodal, privilegiando el encuentro directo con las comunidades, el diálogo y el conocimiento de la realidad que viven las parroquias.

«La visita pastoral es un espacio de encuentro, de comunión y, sobre todo, de escucha. Escuchar para conocer las distintas realidades de una parroquia, conocer a las personas y también soñar juntos los desafíos que el Señor nos va presentando», expresó.

Durante su permanencia en Vallenar, Monseñor Morales sostuvo encuentros con diversos grupos pastorales, jóvenes, equipos de liturgia, comunidades de oración, la Fundación Mi Pequeño Hermano y otras organizaciones vinculadas a la vida parroquial.

En ese contexto, destacó el compromiso de quienes integran la comunidad, afirmando que «la parroquia no la hace un templo o una estructura; la parroquia la hacen las personas». Agregó que encontró una comunidad «con mucha vida, mucha juventud y una gran capacidad de soñar», lo que le deja «una profunda sensación de esperanza y alegría».

El obispo también agradeció la acogida brindada por los sacerdotes de la parroquia, los padres Patricio Jara y Antonio, con quienes compartió jornadas de oración, trabajo y fraternidad.

Una Iglesia cercana a las personas

Consultado sobre su estilo pastoral, Monseñor Morales recordó que anteriormente realizó visitas similares en Freirina y Caldera, indicando que busca permanecer varios días en cada comunidad para conocer de cerca su realidad.

«Escuchar a las personas no se hace en un solo día ni únicamente celebrando una Eucaristía. Requiere tiempo para compartir, conocer la historia de la parroquia y valorar a quienes son las células vivas de la comunidad», sostuvo.

Asimismo, señaló que cada parroquia posee una identidad propia y una riqueza distinta, independientemente de su ubicación geográfica, por lo que considera un privilegio poder acompañar personalmente a las comunidades.

«Mi vocación es compartir, acompañar, ayudar, animar y fortalecer a las personas. Esa es mi misión», enfatizó.

Llamado al compromiso con la vida parroquial

En su mensaje final, el obispo hizo un llamado a los fieles de la parroquia Inmaculado Corazón de María y de toda la provincia del Huasco a fortalecer su participación en la vida de la Iglesia.

«Ustedes son la vida de esta comunidad. Sin ustedes esta parroquia no puede salir adelante. Todos somos importantes y nadie sobra. Hagamos de esta parroquia una verdadera familia, una casa donde todos se sientan acogidos y donde las puertas estén siempre abiertas», manifestó.

Finalmente, invitó a los católicos a comprometerse activamente con sus parroquias y a ser una Iglesia misionera, cercana a quienes más lo necesitan.

«A quienes no comparten nuestra fe, les digo que un acto de humanidad y un gesto de bondad siempre harán de este mundo un lugar mejor», concluyó Monseñor Ricardo Morales Galindo.

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