Cuando el crimen cruza fronteras, la respuesta también

Cuando el crimen cruza fronteras, la respuesta también

La seguridad fue uno de los compromisos centrales asumidos por el Presidente José Antonio Kast y durante estos meses hemos visto cómo esa tarea comienza a tomar forma en distintos frentes. El Plan Escudo Fronterizo reforzó el control en el norte del país, mientras la Operación Cancerbero avanzó en la segregación de internos de alta peligrosidad. A ello se suma la ACOT, conjunto de iniciativas que buscan entregar nuevas herramientas al Estado para enfrentar estructuras criminales cada vez más complejas.

También existen señales que debemos mirar con responsabilidad. Durante el primer semestre de 2026 se registraron 472 víctimas de homicidio, 41 menos que en igual período del año anterior, mientras la tasa nacional disminuyó un 11,5%. Son cifras que nos impulsan a seguir trabajando y refuerzan la necesidad de mantener una acción sostenida en seguridad.

Sin embargo, hay una realidad que Chile no puede enfrentar solo. El crimen organizado cruza fronteras, mueve recursos entre países y utiliza rutas que exceden cualquier límite territorial. Por eso resulta relevante el Compromiso Regional de Santiago, impulsado por Chile junto a Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú para avanzar en una respuesta coordinada frente a la delincuencia organizada transnacional. Posteriormente se sumaron Paraguay y Uruguay.

Esta semana dimos un nuevo paso con la adhesión de Chile al Escudo de las Américas, iniciativa que reúne a más de una decena de países y permitirá fortalecer el intercambio de información y análisis inteligente de datos, la capacitación de nuestras policías y coordinación fronteriza.

Ese es probablemente uno de los cambios más importantes de esta etapa. La seguridad dejó de ser solamente una discusión sobre lo que ocurre dentro de nuestros barrios y pasó también a exigir cooperación entre gobiernos que enfrentan amenazas similares.

Desde Atacama conocemos bien la importancia de proteger nuestras rutas, fronteras y la tranquilidad de nuestras familias. Queda mucho por hacer, pero tenemos un norte claro: Fortalecer las capacidades del Estado, mantener presencia en cada rincón y profundizar la cooperación con otros países frente a las nuevas formas de criminalidad.

Porque si el crimen organizado no reconoce fronteras, la respuesta de los Estados tampoco puede quedar encerrada en ellas. Debe ser coordinada, firme y decidida.

Jorge Díaz Jopia

SEREMI de Gobierno de Atacama

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