El piloto que lleva cuatro décadas surcando los cielos de Atacama

El piloto que lleva cuatro décadas surcando los cielos de Atacama

En medio del desierto de Atacama, donde las distancias y el aislamiento han marcado históricamente la vida de sus habitantes, Óscar Reynuaba ha dedicado más de cuatro décadas a conectar El Salvador con distintos puntos del país. Su trayectoria fue reconocida este año por la Federación Aérea de Chile, organismo que destacó sus 40 años de actividad como piloto.

Reynuaba llegó a El Salvador a comienzos de 1978 para desempeñarse como ingeniero de minas en Codelco. Durante 22 años trabajó en División Salvador, pero su vínculo con el territorio se extendió más allá de la actividad minera. En 1984 inició su formación aeronáutica en el Club Aéreo del Cobre y al año siguiente, obtuvo su licencia de piloto.

Desde entonces, la aviación se convirtió en una parte fundamental de su vida. A sus 72 años, continúa ligado a los aviones y al aeródromo local, cuya administración ha encabezado durante los últimos 26 años.

“Estoy muy agradecido por todo lo que me ha entregado Codelco, tanto personalmente como durante mi etapa de trabajador. También agradezco la posibilidad de administrar el aeropuerto durante estos años y de haber conocido a tantas personas”, expresó Óscar

.Una historia ligada a la comunidad

El Club Aéreo del Cobre fue fundado en 1959 por profesionales vinculados a la actividad minera de El Salvador. Su creación respondió a la necesidad de disponer de un medio de transporte más rápido en una zona donde las alternativas de conexión eran escasas y los traslados podían tomar varias horas.

Óscar recalcó el apoyo de la comunidad y de la Estatal: “El Club Aéreo se debe a la comunidad y a Codelco. La comunidad siempre participó y ayudó de una u otra forma, mientras que el apoyo de la empresa permitió durante años mantener los aviones, adquirir repuestos y renovar la flota”.

Experiencia y serenidad ante una emergencia

Uno de los episodios que marcó su carrera ocurrió en 2008, durante un vuelo en el que trasladaba a dos pasajeros hacia El Salvador. Cuando se encontraba a pocas millas de Inca de Oro, el motor del avión sufrió una falla total y la hélice se detuvo en pleno vuelo.

Ante la emergencia, Reynuaba aplicó los procedimientos aprendidos durante su formación: estabilizó la aeronave, informó la situación a la torre de control y buscó un lugar seguro para descender. Finalmente, logró aterrizar sobre la ruta que conecta Inca de Oro con Diego de Almagro, sin que los ocupantes resultaran lesionados.

“Levanté la nariz, establecí la velocidad de planeo e informé a la torre que tenía una emergencia seria y que aterrizaría en el desierto. Apliqué todo lo que me habían enseñado mis instructores y lo que había aprendido con la experiencia”, relató.

Lejos de apartarlo de la aviación, el episodio reafirmó su confianza en la preparación y los procedimientos. Al día siguiente volvió a volar, esta vez con destino a Antofagasta. “Tenía que seguir volando de inmediato. No podía quedarme pensando en lo que había ocurrido”, señaló.

Un reconocimiento a toda una vida

La Federación Aérea de Chile entrega periódicamente distinciones a quienes cumplen hitos de 20, 25, 30, 35 y 40 años de actividad aeronáutica. Aunque Reynuaba ya suma 41 años desde la obtención de su licencia, este año recibió oficialmente el reconocimiento correspondiente a sus cuatro décadas como piloto.

Para él, la distinción representa también un homenaje a la historia de la aviación civil desarrollada desde El Salvador y a las generaciones que han mantenido operativo el Club Aéreo del Cobre.

“Los aviones son los que me mantienen ligado a El Salvador. Este club me apasiona y necesito seguir volando periódicamente. Me gustaría que llegaran nuevos pilotos y que esta historia pudiera continuar”, afirmó.

Después de cuatro décadas en el aire, Óscar Reynuaba permanece vinculado al mismo propósito que dio origen al club: acortar las distancias, conectar el territorio y poner la aviación al servicio de la comunidad del desierto de Atacama.

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